El otoño está pasando despacio, sin indicios de cambio alguno. Y lo peor no es que cada día sea una copia del anterior, sino que cada vez la tinta está más gastada, y me cuesta más entender lo que veo escrito. Despertar invadido por la desilusión se ha convertido en rutina; despertar esperando que vuelva a oscurecer, para cerrar los ojos y dejar de pensar por unas horas.
Esto no va bien, la desgana y la tristeza pasan sin llamar. Me vuelvo frío e invulnerable, y lo único que alcanzo a sentir es cómo lo que soy se desvanece, dejándome vacío y roto por dentro. Todos lo notan, pero parece que a nadie le importa. Es extraño sentir tan lejos a personas que están físicamente cerca, pero nada comparado con necesitar el calor de otras que no están, y no pueden dártelo.
Lo único que cabe es esperar a que esto cambie, a que mi alma se recupere, y reponga fuerzas para seguir.
'Alma que ha de morir de una fragancia
de un suspiro, de un verso en que se ruega,
sin perder, a poderlo, su elegancia.'

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